martes, 19 de noviembre de 2013

La Revolución Mexicana.

En 1906, antes del inicio del levantamiento armado, estalló una huelga en la Mina de Cananea, Sonora y, al año siguiente, otra en Rio Blanco, Veracruz. Entre las demandas básicas de estas luchas se encontraban: jornada laboral de ocho horas; establecimiento de salarios mínimos; indemnizaciones por accidentes laborales; otorgamiento de pensiones; descanso dominical obligatorio, y abolición de las “tiendas de raya” de las haciendas que mantenían permanentemente endeudados a los peones, entre otras. Ambos movimientos fueron precursores sustantivos de la Revolución Mexicana de 1910.
 
De igual forma, el origen histórico de la seguridad social se encuentra en los movimientos y luchas sociales que se sucedieron durante el porfiriato, así como durante la Revolución Mexicana.
 
 
 
La Revolución Mexicana es el movimiento armado iniciado en 1910 para terminar la dictadura de Porfirio Díaz y que culminó oficialmente con la promulgación de una nueva Constitución en 1917, aunque los brotes de violencia continuarían hasta finales de la década de los años veinte.
El movimiento tuvo gran impacto en los círculos obreros, agrarios y anarquistas a nivel internacional pues la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917 fue la primera en el mundo en reconocer las garantías sociales y los derechos laborales colectivos. Se estima que en el transcurso de la lucha murieron más de novecientas mil personas, civiles y militares.
Mucha gente tiene la idea de que la Revolución se inició gracias a Francisco Madero, pero la realidad es que desde el inicio del mandato de Porfirio Díaz hubo algunas sublevaciones de personas que pertenecían al antiguo régimen del liberal Sebastián Lerdo de Tejada. A continuación se enumeran algunas de estas sublevaciones.
•  1876: Mariano Escobedo
•  1877: Pedro Valdés
•  1878: Lorenzo Hernández, Javier Espino
•  1879: Miguel Negrete, Manuel Carreón, Francisco A. Nava, José del Río
Pero estas sublevaciones eran de tipo militar para tomar el poder, sin una ideología de cambio social y económico.
Fue hasta 1900 cuando surgieron los llamados "Clubes Liberales" en los que se agrupaban políticos de tradición liberal jacobina.
En 1901 se celebró el Congreso Liberal en San Luis Potosí promovido por Camilo Arriaga, durante 1902 y 1903 se llevaron a cabo múltiples protestas contra la reelección de Díaz, quien respondió con cárcel y muerte a los inconformes.
La acción más significativa fue la pancarta con la leyenda "La Constitución ha muerto..." en las oficinas del periódico El hijo de El Ahuizote.
El 20 de noviembre, Madero atravesó el puente internacional para impulsar el movimiento revolucionario en Ciudad Porfirio Díaz (Piedras Negras), pero no tuvo éxito y le fue preciso regresar a territorio norteamericano.
Esto parecía un completo fracaso pero en el curso de las semanas siguientes cambió el panorama y la revuelta comenzó a extenderse por muchos sitios a la par que se dejaba sentir, asimismo, la influencia de los Estados Unidos, que en la práctica favorecieron al maderismo al movilizar veinte mil soldados hacia la frontera mexicana para “mantener la neutralidad”, y al disponer que varios barcos de guerra se dirigieran a puertos mexicanos del Golfo.
Tales maniobras militares y navales fueron una presión para el gobierno porfirista.
Entre los Jefes rebeldes que se lanzaron a la rebelión en ese entonces, pueden mencionarse los siguientes; Emiliano Zapata, Ambrosio y Rómulo Figueroa, y Manuel Asúnsulo en Morelos; Salvador Escalante y Ramón Romero en Michoacán y Jalisco; Gabriel Hernández en Hidalgo y Pascual Orozco en Chihuahua entre otros. En Chihuahua las acciones de Abraham González fueron determinantes en los primeros días.
El día 21 se celebraron los Tratados de Ciudad Juárez, entre delegados porfiristas y revolucionarios, en donde se aceptaba la renuncia de Porfirio Díaz y de Ramón Corral.
El día 25 renunció a sus cargos y con ello llegó a su fin el porfiriato. Porfirio Díaz salió de la capital y en Veracruz se embarcó en el navío alemán Ipiranga, rumbo a Europa, en donde murió el 2 de Julio de 1915, en la ciudad de París

 
 

lunes, 11 de noviembre de 2013

Sor Juana Inés de la Cruz

(Juana Inés de Asbaje y Ramírez; San Miguel de Nepantla, actual México, 1651 - Ciudad de México, id., 1695) Escritora mexicana. Fue la mayor figura de las letras hispanoamericanas del siglo XVII. Niña prodigio, aprendió a leer y escribir a los tres años, y a los ocho escribió su primera loa. Admirada por su talento y precocidad, a los catorce fue dama de honor de Leonor Carreto, esposa del virrey Antonio Sebastián de Toledo. Apadrinada por los marqueses de Mancera, brilló en la corte virreinal de Nueva España por su erudición y habilidad versificadora.
Pese a la fama de que gozaba, en 1667 ingresó en un convento de las carmelitas descalzas de México y permaneció en él cuatro meses, al cabo de los cuales lo abandonó por problemas de salud. Dos años más tarde entró en un convento de la Orden de San Jerónimo, esta vez definitivamente. Dada su escasa vocación religiosa, parece que sor Juana Inés de la Cruz prefirió el convento al matrimonio para seguir gozando de sus aficiones intelectuales: «Vivir sola... no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros», escribió. Su celda se convirtió en punto de reunión de poetas e intelectuales, como Carlos de Sigüenza y Góngora, pariente y admirador del poeta cordobés, cuya obra introdujo en el virreinato, y también del nuevo virrey, Tomás Antonio de la Cerda, marqués de la Laguna, y de su esposa, Luisa Manrique de Lara, condesa de Paredes, con quien le unió una profunda amistad.
En su celda también llevó a cabo experimentos científicos, reunió una nutrida biblioteca, compuso obras musicales y escribió una extensa obra que abarcó diferentes géneros, desde la poesía y el teatro, en los que se aprecia la influencia de Góngora y Calderón, hasta opúsculos filosóficos y estudios musicales.


Un poema de Sor Juana Inez de la Cruz:
A una Rosa 
Rosa divina, que en gentil cultura
Eres con tu fragante sutileza
Magisterio purpúreo en la belleza,
Enseñanza nevada a la hermosura.

Amago de la humana arquitectura,
Ejemplo de la vana gentileza,
En cuyo ser unió naturaleza
La cuna alegre y triste sepultura.

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida.

De tu caduco ser das mustias señas!
Con que con docta muerte y necia vida,
Viviendo engañas y muriendo enseñas.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

el cuadro magico de los templarios.


Entre los muchos misterios que los templarios dejaron, y aún eswtán sin resolver, figura “el cuadro mágico de los templarios”, que consiste en una combinación de cinco palabras, o anagramas, puestas en horizontal y en vertical, que dan lugar a infinidad de lecturas, y que con paciencia de esas lecturas se extrae toda la gnosis, la ciencia y la experiencia de la vida humana.Este cuadro mágico aparece en muchos lugares del patrimonio artístico europeo. Incluso en la época romana ya se usó (sus palabras son latinas) y se ha encontrado una muestra de él en las ruinas de la ciudad de Pompeya. Se ve también en manuscritos griegos del siglo XII, en lugares de culto cristiano como la iglesia de la Magdalena en Verona, la de Piave cerca de Cremona, la de San Lorenzo en Rochemaure (Francia) y aún en Santiago de Compostela. Y, por supuesto, en numerosos edificios de origen templario, templos y fortalezas, construidos por los miembros de la Orden.Es este cuadro mágico la representación del Arte Perenne, eterno, inalterable, y fue tenido como una esencia de la ciencia para la posteridad. En sus palabras cruzadas (Sator, Arepo, Tenet, Opera y Rotas) se pueden leer otras mil palabras, sucediendo sus letras de forma diversa, que dan la clave de la Gnosis, de la cienca por excelencia, de la Sabiduría Suprema, de la Regla y la Normativa… válidos no solo para los Caballeros del Temple, sino para toda la Humanidad.  Tenemos la suerte de que recientemente un español, el profesor Josep Maria Isern i Monné, muy relacionado con Guadalajara, a donde viene con frecuencia, ha abordado esta tarea con decisión y sabiduría, la que le da el conocimiento de las lenguas clásicas y de la vida en la Edad Media, con sus bajezas y sus grandezas, y sobre todo con sus misterios y arcanos, que se guardaban por unos pocos para ser difundidos entre grupos reducidos. Llega el autor a la conclusión, y lo demuestra, que el enigmático escrito contiene la esencia de la filosofía difundida en la época, con la doctrina esotérica que solo a un corto número de caballeros se entregaba.Con el cuadro mágico ante sus ojos, el profesor Isern nos enseña a leerlo, a desmenuzarlo y a interpretarlo, y luego, a lo largo de un libro que acaba d epublicar sobre este apasionante tema, nos va dando, página a página, descubrimiento a descubrimiento, los elementos que contiene, y que vienen a ser más de doscientos. Uno de ellos, que él pone al final, es nada menos que “el Grial”, el vaso sagrado donde Cristo bebió, y que fue guardado por los templarios hasta que la Orden, y sus dirigentes, fue masacrada.Un aspecto muy interesante de este libro es la visión que nos ofrece de la Gematría. Esta es una de las divisiones de la Cábala, y se fundamenta en la interpretación geométrica y aritmética de las palabras de la Biblia. Como la Gematría estudia el valor numérico de esas palabras bíblicas, encontramos como el cuadrado mágico tiene una fuerte interpretación cabalística, encontrando, por ejemplo, que la mayoría de las palabras y descripciones que el múltiple símbolo ofrece se apoyan en las letras Alfa (A) y Omega (O) como principio y fin de las cosas y las acciones humanas.

martes, 5 de noviembre de 2013

Luna.

Cuando tus mejillas se sonrojan
Mis labios de rojo se tornan.
Mi mirada se pierde en la tuya,
Y te busco sin cesar.
Ante tu lustre mirada
Me encojo de miedo,
Y mi pensar cambiado
Combate con el racional.
¿Es que no puedo vivir sin ti?
Me pierdo.
Y cuando vuelvo,
Todo parese un sueño.
Aunque mis labios 
Contradigan mi anhelo.